¿Cómo gestionan los adictos al whatsapp las conversaciones?

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Algunas personas tienen la costumbre de hablar y hablar por teléfono o por otras aplicaciones como el whatsapp, otros en cambio con ir al grano, a lo concreto tienen más que de sobra hasta que se ven en persona.

Todos sabemos a quién podemos llamar de nuestro entorno que podamos tener enredado en nuestra conversación más de una hora y a quién si queremos solucionar algo concreto o quedar. En alguna ocasión ya hemos hablado sobre los tipos de comportamientos que se dan en el whatsapp y, si recordáis o releéis, podemos correr el peligro y que los emergencias nos llamen acto seguido de leer el whats.

Hoy vamos a comentar sobre la actitud que tienen algunas personas cuando establecen o intentan, mejor dicho, tener una conversación con otra persona porque la otra persona no es tan proactiva para tener conversaciones con la otra o es de pocas palabras.

Para no liarnos vamos a crear dos identidades que nada tienen que ver con la realidad, por un lado está el Sr. Mono un compulsivo hablador que además de conversaciones en persona, se comunica mucho utilizando las nuevas tecnologías o algún aparato ya sea un móvil, el mítico DOMO o el ordenador, mecanismos tenemos un montón a nuestra disposición.

El Sr. Mono hablador compulsivo

El Sr. Mono hablador compulsivo

El Sr. Mono no se corta en decidir los horarios a los que va a llamar a su amiga la Sra. Jirafa, más tranquila y más eficiente en sus conversaciones, apenas llama por teléfono o genera conversación en aplicaciones, el por qué puede ser muy variado, desde que no le guste hablar por medio de tecnología hasta que sea una persona bastante reservada o no tenga tiempo para «pasar el rato hablando».

Una de las diferencias entre el Sr. Mono y la Sra. Jirafa es el tipo de plan que tienen contratado con las operadoras, el primero tiene contratada llamadas ilimitadas y 2 Gb de datos, suficiente para estar por la calle y llamar o whatsappear, si las compañías conocieran el comportamiento del Sr. Mono jamás les dejarían ser clientes suyos. En el otro extremo está la Sra. Jirafa que tienen contratado unos 50 minutos al mes para llamadas sin que suba la factura al final del mes y una tarifa de datos de 500 megas o 1 Gb como mucho.

Las llamadas que podemos hacer al día dependerá de las necesidades que tengamos tanto a nivel profesional como personal, podemos ser más como el Sr. Mono o como la Sra. Jirafa o incluso una mezcla de ambos según las circunstancias que podrían darse. Antes de perdernos en tarifas disponibles vamos con la gestión de nuestro estrés cuando no nos contestan o, al menos, no de la forma que esperábamos.

Si sólo dependiera de lo que quiere el Sr. Mono se pasaría el día hablando y hablando sin parar y sin decirse nada, la Sra. Jirafa podría desesperarse porque no le sale o no puede hablar tanto tiempo y generarían una posible discusión, porque uno espera más de la otra y viceversa, debemos buscar el punto intermedio o establecer un tiempo concreto, unas pautas que nos ayuden a mantener esas conversaciones.

El problema lo tiene más bien el que habla de más, el mismo que necesita hablar con uno y con otro hasta que encuentre una solución al problema que le ondea por la cabeza, o cuente todo lo que le ha pasado ese día, si la situación es que los implicados están en plena época de cortejo el problema se puede amplificar, porque mientras uno (el Sr. Mono) espera que esté disponible y atento a que no le falte un minuto de conversación, la otra persona (la Sra. jirafa) podría sentirse agobiada, con presión y debería cambiar a un hábito que tampoco es bueno del todo, y es la dependencia del móvil ya sea para hablar por whatsapp como por teléfono o estar pendientes de los mails o de las notificaciones de las redes sociales, este ejemplo que exponemos en el blog se puede extrapolar a otros tipos de conversación.

El Sr. Mono también podría llegar a sentirse mal porque no tiene los minutos suficientes de conversación con la persona que intenta llevar a su terreno, estar todo el día colgado del teléfono. Nos debemos poner límites a la hora de utilizar el teléfono, porque somos animales de costumbres y cuando cogemos alguna que no es buena, nos acaba pasando factura.

Lo importante es saber dosificar el tiempo para las conversaciones profesionales, para las personales, para las informativas e incluso para las comerciales porque en cada momento tendremos que adaptar ya no sólo los tiempos y las explicaciones sino también el lenguaje y la periodicidad, lo de llamar por pasar el rato, por ejemplo, es mejor dejarlo para amigos o familiares.

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