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Octubre impaciente. Navidad.

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Navidad en octubre

Todavía no hemos terminado de comernos las castañas, pero los turrones ya llevan dos semanas mirándonos desde el pasillo central del supermercado. Es como si octubre se hubiera vuelto impaciente, incapaz de sostener el otoño, y decidiera vestirse de luces antes de tiempo.
Las redes, por supuesto, no se iban a quedar atrás. Instagram, TikTok o Pinterest funcionan ya como el nuevo escaparate de lo que somos —y de lo que compramos—, así que si en los lineales del súper huele a mazapán, en el feed huele a Navidad.

El villancico indio ya está aquí.

@m.mariana_08 🤣🤣 cada uno es mejor que el anterior #CapCut#indian#india#viralvideos#christmas♬ original sound – Kavish

Aunque este año, también es posible que escuchemos alguna versión más, en árabe:

@todomga TUUUKI TUUUKI TUUUKI TUUUKI #TukiTukiChallenge#HumorNavideño#VersiónÁrabe#NavidadConFlow#RisasAseguradas♬ sonido original – ®️🫶®️

Es el primer aviso de que se abre oficialmente la temporada de contenidos navideños. Un “hola de nuevo” entre el meme y la tradición, que funciona como reloj biológico digital: lo ves una vez y sabes que el algoritmo ha decidido que ya puedes sentir espíritu navideño, aunque tu calendario diga otra cosa.
Lo curioso no es tanto que aparezca, sino que lo esperemos. Nos hace gracia, lo compartimos, lo volvemos viral y, sin darnos cuenta, participamos del mismo ciclo que luego criticamos: el de adelantarlo todo.

Porque sí, todos decimos lo mismo: “ya están los turrones, qué exageración”, mientras subimos una historia con el villancico o un post con luces de fondo. Esa contradicción deliciosa que las redes amplifican con gusto: denunciar lo que disfrutamos, y disfrutar lo que denunciamos.

El calendario emocional del algoritmo

La Navidad en redes no empieza cuando se encienden las luces de las ciudades, sino cuando el algoritmo lo decide. Y el algoritmo, que no entiende de tradiciones pero sí de tendencias, sabe perfectamente cuándo tiene que empujar el contenido para generar deseo.
Las redes sociales son, en realidad, el espejo extendido de nuestros hábitos de consumo: los influencers marcan la pauta, las marcas entran al juego, y nosotros, los usuarios —fans declarados de las redes—, terminamos siendo el público y el producto a la vez.

Y uno de los primeros contenidos que ya están disponibles es el de los Elfos de Navidad, que ya amenazan con empezar a despertar, aunque, tradicionalmente, como los calendarios de adviento hasta el día 1 de diciembre no deberíamos verlos por ningún lado.

@elfotraviesonavidad Enlace en el perfil ✨️ #elfotravieso#navidad#ideas#elfontheshelf#niños♬ Christmas Day Excitement – Rohan Stevenson

Las tiendas se llenan de árboles, bolas y velas aromáticas. Los escaparates cambian de color antes de que cambie el mes. Y nuestros feeds se llenan de los mismos tonos: rojos, dorados y blancos.
No es casualidad. Es estrategia. Los departamentos de marketing llevan semanas programando sus calendarios de publicación, ajustando copys y diseñando campañas con una precisión milimétrica. Las redes no improvisan la Navidad; la producen.

Del escaparate físico al digital

Podríamos decir que la Navidad de hoy tiene dos escenarios: el físico, con sus luces y su música ambiental, y el digital, con su scroll infinito.
El primero apela al sentido, al olfato, a la nostalgia.
El segundo, al deseo inmediato, a la conexión, al impulso.
Ambos comparten el mismo objetivo: mantenernos dentro. En la tienda o en la app, lo importante es que no te vayas todavía.

Las redes sociales han aprendido del comercio tradicional y viceversa. Las marcas crean atmósferas visuales tan envolventes como las decoraciones de un centro comercial. Y los centros comerciales, a su vez, se inspiran en las redes para diseñar rincones “instagrameables”.
Es un bucle perfecto de estímulos cruzados.
El resultado: estamos rodeados de Navidad incluso cuando no ha empezado.

Ironías del presente continuo

Lo fascinante es que, mientras las redes adelantan la Navidad, el resto del mundo intenta poner el freno.
Nos quejamos del ritmo, de la prisa, de lo pronto que empieza todo.
Pero seguimos mirando, comentando y compartiendo.
Quizás porque ese “ya es Navidad” prematuro nos da una sensación extraña de control: aunque todo vaya rápido, esto al menos lo conocemos. Sabemos cómo huele, cómo suena y cómo se ve.
Y, sobre todo, sabemos cómo se publica.

En el fondo, es un juego colectivo: las marcas lo lanzan, los creadores lo amplifican, y nosotros lo legitimamos. Un pacto no escrito en el que todos ganamos visibilidad, engagement o, simplemente, una excusa para reírnos del calendario.

Así que sí, todavía no hay calabazas en la puerta ni hojas en el suelo, pero los turrones ya están en el lineal y el feed huele a canela digital.

La Navidad se nos cuela por las pantallas antes que por las calles, y lo aceptamos con la misma mezcla de ironía y ternura con la que abrimos el calendario de adviento antes de tiempo.

Porque, al final, no es que tengamos prisa por que llegue la Navidad: es que nos gusta sentir que algo está a punto de empezar y claro, no vamos a dejar ese miedo a perdernos algo (FOMO) y ser los más tardíos en mostrar que queremos que sea navidad ¿o tal vez sí?. A gusto del consumidor, si por mi fuera…dejaría la navidad para la navidad.